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Hermosas palabras, anécdotas, oraciones y pensamientos de los santos...


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 DAME ALGUIEN PARA AMAR

Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida; cuando tenga sed, dame alguien que precise agua; cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor. Cuando sufra, dame alguien que necesite consuelo;
cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz de otro; cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado. Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de alguno de mis minutos; cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien; cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos. Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite mi comprensión; cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender;cuando piense en mí misma, vuelve mi atención hacia otra persona. Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos, dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día, también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo.

Teresa de Calcuta


¿CUÁL ES...?

¿El día mas bello? HOY
¿La cosa más fácil? EQUIVOCARSE
¿El obstáculo mayor? EL MIEDO
¿El mayor error? ABNDONARRSE
¿La peor derrota? EL DESALIENTO
¿La primera necesidad? COMUNICARSE
¿Lo que hace más feliz? SERVIR A LOS DEMÁS
¿El peor defecto? EL MAL HUMOR
¿La persona más peligrosa? LA MENTIROSA
¿El peor sentimiento? EL RENCOR
¿La sensación más grata? LA PAZ INTERIOR
¿La mejor medicina? EL OPTIMISMO
¿La mayor satisficacción? EL DEBER CUMPLIDO
¿La fuerza más poderosa del mundo? LA FE
¿Las personas más necesarias? LOS PADRES
¿Los mejores profesores? LOS NIÑOS
¿Lo más hermoso de todo? EL AMOR
¿La distracción más bonita? EL TRABAJO

Teresa de Calcuta


Ofrecimiento Personal

Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y poseer. Tú me lo diste; a Ti , Señor, lo torno; todo es tuyo. Dispón de mí según tu voluntad. Dame tu amor y gracia, que esto me basta.

San Ignacio de Loyola


Plegaria Simple

Señor, haz de mí un instrumento de tu Paz;
que donde haya odio - ponga yo amor;
que donde hay ofensa - ponga yo perdón;
que donde haya discordia - ponga yo unión;
que donde haya error - ponga yo verdad;
que donde haya duda - ponga yo fe;
que donde haya desesperación - ponga yo esperanza;
que donde haya tinieblas - ponga yo luz;
que donde haya tristeza - ponga yo alegría.
Oh Maestro, que no busque tanto ser consolado . . . como consolar;
ser comprendido . . . como comprender;
ser amado . . . como amar.
Pues dando . . . se recibe;
olvidando . . . se encuentra;
perdonando . . . se es perdonado;
muriendo . . . se resucita a la vida eterna.
Amén.

San Francisco de Asís


A Jesús Crucificado

No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido; ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, Señor; muéveme el verte clavado en esa cruz y escarnecido; muéveme el ver tu cuerpo tan herido; muéveme tus afrentas y tu muerte. Muéveme, al fin tu amor, y en tal manera que aunque no hubiera cielo, yo te amara, y, aunque no hubiera infierno, te temiera. No me tienes que dar porque te quiera; pues, aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera. Amén.

Sta. Teresa de Ávila


La Oración

¡Cuán grande es, pues, el poder de la oración! Diríase que es una reina que tiene siempre libre entrada en el palacio del rey, pudiendo obtener todo lo que pide. Para que la oración sea eficaz, no es preciso leer en un libro alguno hermosa fórmula compuesta para circunstancias determinadas; si así fuera, ¡cuán digna de lástima sería yo! Fuera del Oficio divino, que, aunque muy indigna, tengo la dicha de rezar cada día, no me siento con valor alguno para sujetarme a buscar hermosas oraciones en los libros; esto me da dolor de cabeza... ¡Son tantas!... Además, ¡son a cual más bellas! No pudiendo, pues, rezarlas todas, ni sabiendo cuáles elegir, hago como los niños que no saben leer: digo sencillamente a Dios lo que quiero decirle, y me comprende siempre. Para mí la oración es un arranque del corazón, una simple mirada dirigida al cielo; es un grito de agradecimiento y de amor lo mismo en medio de la tribulación que en el seno de la alegría. En fin, es algo elevado y sobrenatural, que dilata el alma y la une a Dios. Algunas veces, cuando se halla sumido mi espíritu en tan gran sequedad que es incapaz de producir un solo pensamiento bueno, rezo muy despacio un Padrenuestro o un Avemaría; estas son las únicas oraciones que me cautivan, que alimentan divinamente mi alma, y le bastan.

Santa Teresita del Niño Jesús, Historia de un Alma, ed. Difusión, Buenos Aires, 5ª edición, Capítulo X, pág. 145


"¡ Ay de mí si no evangelizare ! Para esto me ha enviado el mismo Cristo. Yo soy Apóstol y testigo. Cuánto más lejana está la meta, cuánto más difícil es el mandato, con tanta mayor vehemencia el amor nos apremia, Debo predicar su nombre: Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Él es quien nos ha revelado al Dios invisible, el primogénito de toda creatura, el fundamento de todas las cosas. Él es el Maestro y el Redentor de la humanidad. Él nació, murió y resucitó por nosotros. Él es el centro de la historia y del universo; Él es Aquél que nos conoce y nos ama, el compañero y amigo de nuestra vida, el varón del dolor y la esperanza. Él es Aquél que debe venir y que finalmente será nuestro juez, y también, como esperamos, la plenitud de nuestra vida y nuestra felicidad eterna. Yo nunca me cansaría de hablar de Él. Él es la luz, la verdad, más aún, el camino, la verdad y la vida. Él es pan y la fuente de agua viva, que satisface nuestra hambre u nuestra sed. Él es nuestro pastor, nuestro maná. nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Él, como nosotros y más que nosotros ha sido pequeño, pobre, humillado, trabajador, desventurado, paciente. Por nosotros habló, obró milagros, ha fundado un Reino nuevo donde los pobres son bienaventurados, donde la paz es el principio de la convivencia, donde los limpios de corazón y los que lloran son ensalzados y consolados, donde los que tienen hambre y sed de justicia son reivindicados, donde los pecadores pueden alcanzar el perdón, donde todos somos hermanos. A Ustedes, pues, cristianos, les repito su nombre; a todos os lo anuncio: Cristo Jesús es el principio y el fin. El alfa y la omega. El Rey del nuevo mundo. El secreto de la historia humana. Él es la clave de nuestros destinos. El mediador, el puente entre la tierra y el cielo. Él es el hijo del hombre por antonomasia, Porque es el Hijo de Dios, eterno e infinito. Él es el hijo de María, bendita entre todas las mujeres, Su madre según la carne y nuestra Madre, que nos engendra por el Espíritu Santo para formar parte del Cuerpo Místico de Cristo. Cristo es nuestro Redentor, Cristo es nuestro supremo bienhechor, Cristo es nuestro liberador. ¡Jesucristo! Recuérdenlo bien: es el objeto perenne de nuestra predicación. Nuestro anhelo es que su nombre resuene hasta los confines de la tierra y por los siglos de los siglos."

Paulo VI


 

¿Quién es Dios?

 ¿Quién será Dios,
el que así nos ama,
nacidos de la tierra?
¿Quién será Él,
grande y desprovisto,
del todo vulnerable?

Sí, ¿quién es Dios,
el que así nos ama?

¿Quién será Dios,
vinculado por su amor 
de igual a igual?
¿Quién será Él,
si para verlo falta 
un corazón pobre?

Sí, ¿quién es Dios,
el que así nos ama?

¿Quién será Dios,
que va nuestros caminos
aquí a nuestro lado?
¿Quién será Él,
que viene a nuestra mesa
sin asco ni rechazo?

¿Quién será Dios,
que o lo puede amar
el que no ama al hombre?
¿Quién será Él,
que podemos herir tanto
hiriendo al mismo hombre?

Sí, ¿quién es Dios,
el que así nos ama?

¿Quién será Dios,
dado hasta perderse
en manos de los hombres?
¿Quién será Él,
que llora nuestro mal
cual llora una madre?

Sí, ¿quién es Dios,
el que así nos ama?

¿Quién será Dios,
que haga de su muerte
mi propio nacimiento?
¿Quién será Él,
que nos está abriendo
su gozo y su Reino?

Sí, ¿quién es Dios,
el que así nos ama?

¿Quién será Dios,
que regala su Hijo,
nacido de mujer?
¿Quién será Él,
que quiere, a sus hermanos,
darles su misma madre?

Sí, ¿quién es Dios,
el que así nos ama?

¿Quién será Dios,
que venga a entregarse,
Pan nuestro en cada cena?
¿Quién será Él,
que llama nuestros cuerpos
a compartir su gloria?

Sí, ¿quién es Dios,
el que así nos ama?

¿Quién será Dios?
¿Será, pues, el Amor
su nombre y su rostro?
¿Quién será Él,
que quiere que seamos
sus hijos semejantes?

Sí, ¿quién es Dios,
el que así nos ama?


J. Servel
Oficio en Francés
(traducción libre)

La Palabra de Dios

 Señor,
¿Quién hay capaz
de penetrar con su mente
una sola de tus frases?

Como el sediento que bebe de la fuente,
es mucho más lo que dejamos
que lo que tomamos.

Porque la Palabra del Señor 
presenta muy diversos aspectos,
según la diversa capacidad
de los que la estudian.

El Señor pintó
con multiplicidad de colores su Palabra
una variedad de tesoros,
para que cada uno de nosotros
pudiera enriqueserse
en cualquier punto de reflexión.

La Palabra de Dios
es el árbol de la vida
que te ofrece el fruto bendito
desde cualquiera de sus lados.

Como aquella roca
que se abrió en el desierto
y manó de todos lados
una bebida espiritual.

Comieron, dice el Apóstol,
el mismo manjar espiritual
y bebieron
la misma bebida espiritual.

Por eso,
quien llega a alcanzar
alguna parte del tesoro de esta Palabra,
no crea que en ella 
se encuentra solamente lo que él ha hallado.

Ha de pensar, más bien,
que de las muchas cosas que hay en ella,
esto es lo único que ha podido alcanzar.

No por el hecho de no entender
todo el sentido del texto
vaya a creer que esta Palabra
es pobre y estéril, y la desprecie.

Al revés:
considerando que no puede abarcarla toda,
dé gracias por la riqueza que encierra.

Alégrate por lo que has alcanzado,
sin entristecerte
por lo que te queda por alcanzar.

El sediento
se alegra cuando bebe,
y no se entristece
porque no puede agotar la fuente.

la fuente ha de vencer tu sed
pero tu sed no ha de vencer
la fuente.

Porque, si tu sed queda saciada
sin que se agote la fuente,
cuando vuelas a tener sed
podrás de nuevo beber de ella,
en cambio,
si al saciarse tu sed
se secará también la fuente,
tu victoria será en prejuicio tuyo.

Da gracias
por lo que has recibido.

Y no te entristezcas
por la abundancia sobrante.

Lo que has recibido y conseguido
es tu parte.
Lo que ha quedado
es tu herencia.

Lo que por tu debilidad,
no puedes recibir
en un determinado momento,
lo podrás recibir  en otra ocasión,
si perseveras.

No te esfuerces avaramente
por beber de un solo sobro
lo que no puede ser sorbido
de una vez.

Tampoco desistas por pereza
de lo que puedes ir bebiendo
poco a poco.
 
San Efrén