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Había una vez un
hermoso y agreste lugar que, cruzado por un río de transparentes y
cristalinas aguas, proporcionaba la inspiración a los pájaros para que
pudieran entonar sus más sonoras melodías.
El pie del hombre no
había logrado horadar sus verdes campos y el aire suavemente mecía a esos
añosos árboles que la naturaleza había entregado al apartado lugar.
Dicen que los antiguos
lo llamaban "Colehual" (lugar de quilas).
Actualmente es
reconocido por "Vado de Piedras", "Vado Pedregoso" o
simplemente Curanilahue.
Curanilahue, lugar
tranquilo rodeado de naturales bosques en el cordón cordillerano de la
costa, que tranquilo y perfumado vivía cuando un grupo de personas
descubrió los ricos mantos de carbón de piedra, en el siglo XIX .
En torno a los
yacimientos, que comenzaron a verter minerales de rica ley, con pujanza
propia del que sería un coloso fueron levantándose viviendas para que desde
todas las latitudes vinieran los hombres y las mujeres que con fuerza,
tesón, empuje, arrogancia y grandeza dieran vida a nuestro incomparable
Curanilahue.
Este Curanilahue, que
ve cubierta de gloria las páginas de una historia que recién comienza a
escribirse, este Curanilahue que en su principal acceso nos recibe con una
mano levantada al cielo, una mano que se extiende cálida y cariñosa...
porque es... Una mano amistosa que dice al mundo, de sus habitantes,
mineros del carbón por excelencia: "Tengo las manos ásperas,
pero... hay pan en mi mesa"
Gracias por visitarnos
Luis Flores Olave
Webmaster

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